¡Na' guará!

[Na' Guará][stack]

Deportes

[Deportes][btop]

Las palabras que Alfonso Saer dedicó a Rubén Mijares

“Es hora de recoger los bates”.

Este es el titulo que presenta la columna de el narrador Alfonso Saer llamada "Extrabases" en donde dedica sus sentidas palabras a Rubén Mijares periodista deportivo que falleció hace unos días y fue su amigo y compañero de trabajo por muchos años.



La columna dicta así:

Si su aliento final lo hubiese permitido, Rubén Mijares se habría despedido con esa frase, una de tantas que enriquecían el singular e hilarante vocabulario que asemejaba los hechos de la vida con el beisbol, su gran pasión en casi ochenta años de prolija existencia. Cierto, hoy la pelota caribeña desliza una lágrima espesa.

     Este periodista carabobeño (Puerto Cabello, 10-12-38) era como un envase humano que contenía anécdotas interminables, conocimientos profundos acumulados en una carrera enriquecida por la universidad del quehacer diario, con la autodidáctica propia de ese periodismo que se nutría de la exigencia rutinaria antes que de un aula universitaria, porque entonces no existían para el comunicador social.

     Las costuras de la pelota eran las venas de Rubén, para nuestro gusto el periodista deportivo más completo que haya tenido el país. Fue capaz de discernir de cualquier disciplina con una propiedad abismante. Venía de un cálido y humilde hogar, desde el vientre de la centenaria Prudencia. Se hizo amante afiebrado del deporte, y el béisbol tuvo vitrina especial en esos amores. Fue así como se convirtió en la enciclopedia ambulante que todos requeríamos y admirábamos. Escribió una nota, en La Esfera (1962), y el periodismo le abrió los brazos a su mente fecunda. En la prensa escrita haría historia como ficha de La República, El Nacional, Sport Gráfico, El Impulso, numerosos  diarios y revistas, incontables para nuestra capacidad de recordar. La columna “Beisbol por dentro”, publicada en muchos medios del país, era el deleite de sus lectores, el vivero de los colegas, la matriz de opinión seria y documentada. Transmitió Series Mundiales con Venevision.

      Los tigres aragüeños de Foción Serrano le abrieron rutas en el comentario radial a mediados de los sesenta. Allí se inició una trayectoria descollante que lo llevaría a ser analista de la misma escuadra rayada, y luego Magallanes ---en llave con Felo Ramírez --- Caribes, Pastora de los Llanos y Bravos de Margarita.

     Un día de 1978 este cronista tuvo una ocurrencia, venturosa para los hechos futuros. Lo invitamos al circuito de Cardenales y desde entonces adquirió su cédula de barquisimetano orgulloso. Suerte para los oyentes el arribo de quien se haría pájaro rojo por casi treinta años, regresando incluso de un par de momentáneas tareas al frente de Magallanes y Caribes. Es que este porteño tenía como ejecutivo de clubes una adicción especial. No en vano llevó a los Tigres de Aragua a su primer gallardete en la 70-71. En Acarigua y Margarita también regentó equipos con su profunda relación en el mundo de bates y pelotas.

“La vida y el beisbol son muy parecidos”

Rubén Loreto Mijares --- nació el día de San Loreto --- discernía sobre cualquier tema. Se hizo periodista en esa batidora amena y exigente que era la redacción periodística de las publicaciones capitalinas. Cubrió Olimpiadas en Tokio y Moscú. Panamericanos en Cali, Indianápolis y como jefe de prensa en Caracas, 1983. El Mundial de Fútbol en México 70. Nos vimos por vez primera en una Vuelta a Venezuela, 1965. La admiración nuestra era anterior.

     Es envidiable tener de maestro a un íntimo amigo de personalidad íntegra. Este narrador disfrutaba sus análisis certeros, breves, acuciosos, documentados. Hizo televisión en varios canales nacionales. Fue nuestra llave en Promar. Bolichero de primera, Rubén era salsómano y dictaba charlas sobre el particular. Un rincón casero nos unió en el hilo musical. El beisbol era, también, una rumba. Charlaba con elocuencia y propiedad sobre la vida y aventuras de cotizados personajes del mundo farandulero. Escuchaba con adicción a su ídolo Pérez Prado. Discurría sobre la Fania, Ismael Rivera, Larry Harlow o Rubén Blades. Adoraba los boleros de Lucho Gatica o los sones de Vicentico Valdés.

      Rubén enseñó sin proponérselo a pinos surgentes de la profesión. Desmenuzaba un juego de pelota con asombrosa capacidad explicativa. Conocía la estrategia, los numeritos. Dictaba cátedra con su exposición fina, sin falsos recursos. Juntos fuimos a eventos supremos. Hicimos boxeo en La Habana, atletismo en Puerto Rico, ciclismo en muchas rutas. Hasta una vez nos empujó a transmitir un baloncesto porque no llegó el narrador titular. Fabricamos la versión del primer juego de Luis Leal en Grandes Ligas, o lo incitamos a describir la pelea por oro de Bernardo Piñango en Moscú 1980. Poseía el don o facultad de la versatilidad natural. Así recorrimos varios años los campos de entrenamiento de las mayores.

                    “Noche de ronda, qué triste pasas…”

     La vida es un emporio de hechos incomprensibles. Su memoria fabulosa, robusta, infalible, se agrietó en los días finales. Empero no olvidaba junto a su adorada Mariela Navarro los grandes episodios que avivaron el victorioso recorrido terreno. Soltaba una carcajada muy propia al rememorar su entrevista con Jackie Robinson para El Nacional, o cuando una coyuntura le llevó a cubrir desde USA la muerte de John F. Kennedy.

     Este Mijares que no se andaba con rodeos ni se adornaba con medias tintas, hizo historia en el periodismo deportivo nacional. El saludo jacarandoso nos hará falta, como su ausencia será lamentada por una audiencia ilimitada, cautiva, ansiosa de su escuela tan personal.

      Este servidor pone al pie de la nota un sollozo incontenible. Vaya, son cinco décadas de amistad plena, inalterable. Con Rubén se rompe un molde, se marcha un maestro en el sentido estricto de la palabra. Su voz se va a un rincón del gran estadio de la vida y grita una despedida que siempre nos negamos a presentir. Ajá, dirá él con su inconfundible acento. 

      Bajaremos al mismo sitio de siempre. Serviremos una copa y cumpliremos tu mandato habitual. En la tertulia del adiós sonará tu canción preferida con Vicentico Valdés.

      “El último café”.


                                                              Alfonso Saer